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Cuando Héctor Chávez y Gisela Ochoa supieron de la matanza de 72 inmigrantes en México a manos de secuestradores, no quedaron sorprendidos.
Los dos hondureños, que ahora viven en el Condado de Miami-Dade, fueron secuestrados por traficantes de inmigrantes luego de entrar a México, para tomar dirección a Estados Unidos, y durante su cautiverio fueron amenazados de muerte si sus familiares no pagaban el rescate.
"La masacre es sólo la más reciente de las cosas terribles que les han pasado a los inmigrantes en México por muchos años'', dijo Ochoa, que ahora vive en La Pequeña Habana luego de que su familia pagara un rescate para lograr su liberación. "Cuando llamaron a mi tía y le exigieron el dinero, uno de los secuestradores me amenazó con una pistola y me dijo: Tú le dices algo a tu tía y te vas a morir' ''.
Chávez y Ochoa relataron los angustiosos momentos que pasaron en México durante entrevistas por separado con El Nuevo Herald.
Sus relatos muestran que el secuestro de inmigrantes indocumentados de Centro y Sudamérica no es un fenómeno nuevo en México. Se ha convertido en una práctica cada vez más frecuente al incrementarse la violencia durante el cuarto año de la guerra contra el narcotráfico que declaró el presidente mexicano Felipe Calderón en diciembre del 2006.
Mientras que la masacre del mes pasado en un rancho a unas 100 millas de la ciudad fronteriza de Brownsville, Texas, fue el peor episodio de este tipo en época reciente, Chávez y Ochoa dijeron que ellos estuvieron secuestrados por traficantes de inmigrantes en lugares relativamente cerca del sitio donde ocurrió la matanza. Chávez dijo que fue secuestrado en el 2004 y Ochoa en el 2005.
Las historias de los hondureños confirman incidentes mencionados en un informe emitido en abril por Amnistía Internacional, una respetada organización que defiende los derechos humanos. El documento se refiere a muchos episodios de secuestro donde las víctimas eran inmigrantes centroamericanos que pasaban por México en dirección a Estados Unidos.
El informe también dijo que una organización mexicana, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, concluyó que entre septiembre del 2008 y febrero del 2009 al menos 9,758 inmigrantes fueron secuestrados en México. El informe indicó que a veces policías mexicanos cooperan con las organizaciones criminales.
Chávez y Ochoa dijeron por separado que los policías que en ocasiones vieron durante su cautiverio parecían cooperar con sus captores.
Un tercer inmigrante entrevistado el martes, el guatemalteco Diego Jiménez Martín, dijo que pagó sobornos a policías mexicanos en varios sitios durante su viaje por México en 1999 para evitar ser arrestado o para eludir retenes migratorios en las carreteras. Jiménez Martín dijo que, en una ocasión, un policía lo subió a él y a otros inmigrantes a su vehículo y los llevó sin pasar por el retén migratorio, luego de pagarles una mordida''.
La corrupción entre policías en México es un fenómeno de hace décadas.
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